Mi historia de amor con la dirección de arte empezó con un libro. Mi tía apareció con uno del que salían formas y colores y puede que hasta animales. Principios de los 90. No había visto nada igual. No sé si lo que más me gustó fue el despliegue de color, la sorpresa al pasar cada página o darme cuenta de que las cosas podían ser diferentes a como siempre las había visto.

En un giro de guión acabé matriculándome en psicología pero -ninguna sorpresa aquí- terminé dejándola en 2º.

La publicidad empezó a seducirme y yo me dejé. En 2006 alterné las clases con negativos y pantoneras en una editorial catalana. Seguí aprendiendo sobre sangres y tipografía en BUM. Asistí a mis primeros rodajes en Bassat Ogilvy. En 2010 empecé a tontear con lo digital, apareció HerraizSoto y me enamoré hasta las trancas.

En 2012 me mudé a Madrid y Havas llenó mis días -y mis noches- de acciones y sobresaltos. Y antes de volver a Barcelona para empezar a vivir la aventura de ser freelance, compartí fórmulas y descubrimientos en El Laboratorio.

Ya como freelance, le dediqué más tiempo a mi cámara -que se lo merecía- y ella me devolvió el favor dejándome disparar para marcas como Olympus, Carolina Herrera, Adidas, Bombay Sapphire, Iberostar, Ruinart, Estrella Damm, Huawei, Barceló viajes, Hyundai o MINI Living. Y entre fotos y vuelos hubo tiempo para recordar lo feliz que me hace dar clase y lo fácil que me lo ponen en BlanquernaIdep y Brother.

Sigo sin tener muy claro qué soy. Pero lo que he descubierto después de todos estos años es que me hace feliz prestar palabras o imágenes a todos aquellos que no las encuentran; contar historias. Donde sea, como sea. Inventándonos, si es necesario, el formato.